Una madre no necesita ser perfecta para ser buena

Es sabido que las mamás de manera general siempre se están cuestionando si son buenas, el pensamiento del “deber ser” constantemente las obliga a volcarse a la autoexigencia y a la búsqueda incansable de perfección. Existe un concepto acuñado por el Dr. Donald Winnicott (psicoanalista y pediatra), de “La madre suficientemente buena”; que desarrolla la

Es sabido que las mamás de manera general siempre se están cuestionando si son buenas, el pensamiento del “deber ser” constantemente las obliga a volcarse a la autoexigencia y a la búsqueda incansable de perfección.

Existe un concepto acuñado por el Dr. Donald Winnicott (psicoanalista y pediatra), de “La madre suficientemente buena”; que desarrolla la idea de que, la madre no puede interpretar de manera inequívoca el llanto de su bebé, por lo que, como proceso natural, tendrá que fallar de manera repetida en responder a lo que su bebé necesita, poco a poco aprenderá del error, y le comprenderá: por eso escuchamos a mamás que dicen atinadamente sobre su bebé: “tiene hambre…”, “tiene frio o calor”… “sólo necesita que le arrulle”… “tiene sueño, ya se cansó…”.

De acuerdo a Winnicott (1996), lo que una hija o hijo necesita de su madre es su preocupación, necesita de su pensamiento, pero no uno que la desborde y que no le permita a su bebé trascender hacia la autonomía, sino uno que les ayude de manera conjunta a ir evolucionando para en algún momento, ser capaces de independizarse de manera sana.

Es decir, las y los hijos no requieren una madre perfecta, necesita una madre ‘suficientemente buena’, lo que da oportunidad a equivocarse no una, no algunas, sino muchas veces; con la tranquilidad de que las condiciones seguirán siendo optimas, porque ella, es ‘suficiente’, lo que es contrario a una perfección cuadrada, fría y mecánica.

La madre que es suficientemente buena, le da cabida a la flexibilidad humana, y puede pensarse como una cariñosa acompañante, involucrada en los procesos de desarrollo de sus pequeñas crías, sin sobrepreocuparse, pero sin rebasar el límite de lo soportable para sus hijas e hijos. Puede también darse cuenta que ellas y ellos, no son los que había imaginado cuando estaba gestando, pero se adapta poco a poco a su nueva realidad que, además cambia constantemente.

Una madre suficiente, se encarga de intentar comprender, no desde la desesperación, sino desde la tranquilidad de que ella podrá encontrar otras maneras de estar bien, con la consciencia de que además, su estructura biológica le permite ser eficiente y adecuada para sostener, brindar calor y consuelo.

Contrariamente a la fantasía ideal y mágica de que una madre siempre sabe lo que su hija o hijo necesita, lo real es que de principio; una madre también teme ser incapaz de calmarle y darle lo que merece, se preocupa por no estar presente todo el tiempo o de guiarle en la dirección correcta. La idea de ser sólo ‘suficiente’, hace pensar en una persona que se permite equivocar, cansar, decepcionar, incluso ausentarse por momentos; pero con la consciencia de que, incluso de la falla mamá y bebé elaborarán naturalmente herramientas para construirse. Ser suficiente parece estar lejos de ser perfecta, pero se acerca más a la elaboración de un vínculo sano y eficiente, con menos culpa y mayor libertad.

En efecto, este mismo concepto, lo podemos trasladar a nuestra esfera personal: todas y todos, de manera diaria, hacemos el esfuerzo por pasar de lo ideal a lo real, por lo que la decepción está al final de cada resultado: las cosas constantemente no salen como las imaginamos. Sin embargo, es la realidad, la oportunidad de querer otra cosa, de otra forma. Si nuestras fantasías se cumplieran a la perfección, no desearíamos nada nuevo.

Así es, la perfección tiene un cause directo en la insatisfacción; es un hueco imposible de colmar. Muchas veces suponemos que las cosas nos salen mal, sólo porque no resultan como las queremos; el paso de la perfección (ideal) a lo suficiente (realidad), nos permite encontrarnos con nuevas formas de estar bien, de convertirnos en personas más flexibles, satisfechas y que disfrutan del aquí y el ahora.

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Por.: Psic. Melanie Delgado

Fuente:

Winnicott, D. W. (1993). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós. Winnicott, D. W. (1996). El hogar, nuestro punto de partida. Ensayos de un psicoanalista. Buenos Aires: Paidós

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